A lo largo de la historia y en todo el mundo, han existido una serie de seres mitológicos o figuras mágicas cuyo único objetivo es el resguardo de un tesoro de valor incalculable. En la Europa de la edad media se creía que los dragones eran los custodios de fortunas de oro incalculables. Sin embargo, todos estos “guardianes míticos”, fuertes e invencibles en apariencia, poseen un punto débil que los incapacita o inclusive destruye; lo que los convierte en ineficientes u obsoletos. Un ejemplo de la debilidad “irónica” de los guardianes mitológicos son los “golems de piedra” perteneciente a la mitología judía. Creados a partir de materiales inanimados, como el barro, su función principal consiste en el cuidado, protección y defensa de las ciudades o comunidades judías. Sin embargo el golem no era capaz de discernir o diferenciar entre las instrucciones que se le daban, por lo que la interpretación literal de las palabras le restringía de poder decidir por si mismo. Entonces, si se le instruía de dormir, este nunca despertaría a menos que se diera dicha instrucción; dejando la ciudad y sus habitantes indefensos.

Ahora bien, el lector de este artículo se estará preguntando que tiene que ver la mitología y los golems con la política y la sociedad civil. A lo que respondo que, el vínculo es la ciudadanía. Las instituciones democráticas que hemos desarrollado a lo largo de la historia,  poseen la tarea de resguardar las libertades civiles de su población. Por su lado, la población civil es la responsable de resguardar la integridad de dichas instituciones. El buen funcionamiento dependerá, entonces, de la coherencia que exista entre las acciones de las instituciones democráticas y los valores y acciones que ejerza la ciudadanía sobre dichas instituciones. Sin embargo, la falta de civismo, el agobio diario que se experimenta a raíz de los problemas sociales, económicos y de delincuencia; han provocado que la ciudadpost 2anía entre en un estado de letargo.

Se ha optado por ceder la responsabilidad ciudadana de velar por el buen funcionamiento de las instituciones a personajes políticos, o funcionarios públicos, disfrazados de “caudillos” capaces de soportar la carga que implica velar por la democracia. A este punto reconozco que el artículo puede tener un aire romántico sobre la política, sin embargo es de recordar que: los funcionarios públicos no son más que otra persona que pertenece a la misma sociedad y que posee los mismos derechos y obligaciones que las personas que lo eligen. Por ello el depositar nuestra confianza de forma ciega en ellos, sería cometer el mismo error que han cometido los dueños de los tesoros mitológicos al depositar toda su confianza y la seguridad de su tesoro en sus guardines mágicos.

Aunque el ser humano no es un ser que posea algún tipo de predestinación a la hora de nacer, si posee la característica de ser corrompible. Por ello dependerá de la ciudadanía el asumir el papel que por letargo fue otorgado al “golem”, y velar por la seguridad de sus instituciones. Algunos lectores perspicaces habrán relacionado este artículo con los sucesos recientes en Guatemala, y asumen bien. Sin embargo no quiero que se traduzca esta publicación como un mensaje de rencor o enojo; sino como un recordatorio que depende de nosotros, los ciudadanos, velar por el buen funcionamiento del gobierno. Y que también depende de nosotros como parte de la misma población, realizar un trabajo de vigilia constante que asegure el buen desempeño de los funcionarios públicos. No podemos ser como los guardianes mitológicos que se quedan dormidos y son vencidos por la incapacidad de despertar a tiempo.

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