El panorama político para el año 2015 en Guatemala incluye la constante propaganda política que ya se ha anticipado a las reglas electorales , muchas promesas y esperanzas de mejora y soluciones rápidas a problemas complejos, durante corto tiempo.

En los dieciocho años que han transcurrido desde el proceso de consolidación democrática que se retomó a partir de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, no se ha logrado producir un sistema con partidos políticos sostenibles. Tenemos el mismo sistema electoral desde hace tres décadas, con mejoras sustantivas como la creación del Tribunal Supremo Electoral. Si bien se han tenido avances en percepción de las legitimidad de las elecciones, se ha venido abajo la confianza de la ciudadanía en el interés genuino de sus gobernantes por ayudarlos. Una de las percepciones más preocupantes es sobre la cultura política en el país, que se limita a buscar el enriquecimiento personal y partidario a toda costa, durante los únicos años que este logra estar en el poder.

Podemos encontrar la causa de la desafección en los altos índices de corrupción en el país. En el segundo informe Latinobarómetro elaborado en 2012, se argumenta que las redes de corrupción se encuentran tan ancladas al sistema que sobreviven a los cambios de mando, sobre todo porque cuentan con mecanismos de operación altamente articulados y efectivos a sus propósitos.[1] El incremento de está última variable es medido por Transparency International en el índice sobre Percepción de la Corrupción. En 2014 Guatemala se sitúa en el puesto 115 de 175, punteando únicamente 32 puntos sobre 100, siendo cero lo más corrupto y 100 lo menos.

corrupcion-electoral Las consecuencias de la corrupción se evidencian en el mal funcionamiento de las instituciones, que no responden a las necesidades de los ciudadanos, problemas como la tendencia a sobornos y la impunidad. La corrupción en el país influye en los procesos electorales, causando que sea el dinero el que decida quienes tienen acceso a ser electos. Las campañas electorales de amplio y vasto presupuesto, comprometen al candidato a rendir cuentas a los intereses de sus financistas y no a los de los ciudadanos.

Aún así, seguimos viendo las urnas como la vía o la herramienta para cambiar las cosas, o impedir que suceda lo peor. Pero, el voto no es la única herramienta para que los ciudadanos exijamos que nos representen. Se pronostica que este proceso electoral será influenciado por muchas herramientas tecnológicas que trabajarán en interés de los ciudadanos.

La participación que tenemos dentro de nuestra democracia no se mide únicamente en si votamos o no (que es muy importante), se mide también en el uso adecuado que hagamos de las herramientas disponibles para ejercer una participación responsable.

Herramientas como la discusión de ideas, el conocimiento de los candidatos por los que votamos y el conocimiento que podamos tener del sistema para dificultarle la elección a las personas no idóneas con hábitos corruptos.

El buen uso de Tecnologías de la información y Comunicación convierten al ciudadano en un observador activo de lo que sucede a su alrededor. Por la facilidad que nos dan de centralizar información y por la reducción de las brechas de representación y expresión que nos brindan. Si los corruptos se articulan bien, los ciudadanos también podemos hacerlo.

democraciaNecesitamos ser observadores activos de nuestra realidad, solo así podemos trazar la ruta para la reducción de los niveles de corrupción en el sistema. Tenemos que aprovechar los recursos que existen para aprender de los procesos y verificar que se cumplan. Debemos elegir, votar y exigir.

 

 

 

 

[1] Servicio Civil y Función Pública en Centroamérica y República Dominicana: Informe Barómetro de la profesionalización del empleo público en Centroamérica y República Dominicana (2012). Página 47.

 

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