imagen blog 1 Desde las primeras invenciones, que no eran más que herramientas  rudimentarias, el hombre ha descubierto el potencial que posee la  tecnología para simplificar su vida. Sin embargo, no ha sido sino a partir  del S.XVIII que hemos llegado al punto de concebir a la ciencia y  tecnología como la solución mágica para todos nuestros problemas.  Racionalizar cada aspecto de la vida y tecnificar hasta las tareas más  mundanas, parecía la mejor alternativa para evitar el error humano.  Más  temprano que tarde, esta tendencia llego a las diferentes instituciones del Estado; más no de la forma que esperábamos y tal como sucedió con las expectativas victorianas de una vida resuelta por la tecnología, la decepción apareció.

Burocracias, procedimientos redundantes y controles “técnicos”, llevaron a las instituciones públicas a ser ineficientes y en todo sentido la contradicción a la eficiencia productiva. Al utilizar parámetros internos de productividad, las instituciones estatales no pueden ser medidas en términos cotidianos de eficiencia, por lo que al medir la productividad de ellas, solo se toma en cuenta estadísticas que pueden ser interpretadas de muchas formas. Cuántos de los lectores de este artículo no han escuchado frases como: –Hemos ayudado a  más de mil familias; se ha reducido la pobreza en “X” puntos porcentuales; o, se ha reducido la pobreza del país… – ¿Mil familias de una población de cuantas?, ¿Cuántas personas significa ese porcentaje? ¿Qué significa que “se redujo la pobreza”? Oraciones sin sentido que deben de ser puestas en contexto.

Entonces es la tecnología, como una herramienta más, que vuelve a aparecer para ayudarnos tanto contextualizar la información, como también para facilitarnos la tarea. Movimientos como Open Government o los hacktivistas se valen de herramientas tecnológicas para poder poner a disposición de la población general información que puede ayudar a las instituciones públicas a hacer más eficiente sus actividades. Esto porque genera, a través de la difusión de información en los distintos estratos de una sociedad, criterio con respecto a los proyectos o la forma en que se está manejando una entidad pública. Sin embargo no hay que caer en el error de las sociedades de hace 200 años y delegar toda la responsabilidad a una herramienta que aparente ser una “solución mágica”. El hecho que existan las herramientas y movimientos tecnológicos, que tienen como objetivo hacer pública la información gubernamental, no significa que sea suficiente para que se genere un cambio. Junto a estas iniciativas debe de estar una ciudadanía activa que convierta los datos expuestos, que carecen de contexto, en información valiosa que revele el verdadero desempeño de las instituciones gubernamentales.

 

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Post comment